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Con perros y gatos pasa algo curioso: muchas enfermedades empiezan con señales pequeñas, casi invisibles. Un cambio leve en el apetito, algo menos de energía, un poco más de sed… y ahí es donde se gana tiempo. Detectar a tiempo no significa alarmarse por todo, sino conocer qué problemas son frecuentes y qué pistas suelen dar antes de hacerse evidentes.
Esta guía reúne algunas de las enfermedades más comunes en perros y gatos y las señales tempranas que suelen aparecer. No sustituye una visita veterinaria, pero sí te ayuda a saber qué observar y cuándo conviene actuar.
Vómitos, diarrea, gases, dolor abdominal o rechazo de la comida son señales típicas. En muchos casos se debe a algo que han comido, cambios de dieta o intolerancias, pero también puede estar relacionado con parásitos o infecciones.
Si hay sangre, decaimiento fuerte, fiebre o el cuadro se repite, conviene consultarlo. En cachorros, gatitos y animales mayores, los problemas digestivos pueden deshidratar rápido.
En gatos es bastante común. Se nota por intentos repetidos en el arenero, maullidos, heces duras o ausencia de deposiciones. Si además hay apatía o vómitos, no lo dejes pasar.
Se detectan por rascado constante, costras, pérdida de pelo y pequeñas “tierritas” negras en el pelaje (heces de pulga). Las garrapatas pueden verse a simple vista, sobre todo en orejas, cuello y zonas con menos pelo.
Además del picor, pueden transmitir enfermedades. Si ves una garrapata, lo ideal es retirarla correctamente y vigilar la zona.
Diarrea intermitente, barriga hinchada (más típico en cachorros), pérdida de peso, pelo apagado o “lamidos” excesivos pueden ser pistas. A veces se ven gusanos o segmentos en heces, pero no siempre.
Las desparasitaciones pautadas ayudan mucho a prevenir.
Es de lo más frecuente y muchas veces pasa desapercibido hasta que huele mal el aliento. Señales: halitosis, encías rojas, sangrado, baba, dificultad para masticar o que el animal deje caer la comida.
En gatos, el dolor dental puede manifestarse como aislamiento o comer menos sin que parezca un problema “de boca”. La enfermedad periodontal no solo afecta a los dientes: también puede influir en el estado general.
Picor, enrojecimiento, lamido de patas, otitis recurrentes y pérdida de pelo son síntomas habituales. En perros se ven mucho las alergias ambientales o alimentarias. En gatos, además del rascado, puede haber lamido compulsivo.
Las alergias rara vez se resuelven solas. Identificar el patrón y el desencadenante es la clave, y suele requerir seguimiento veterinario.
Alopecias redondas, descamación, costras o lesiones en orejas pueden indicar hongos o ácaros. Algunas afecciones pueden ser contagiosas, así que conviene revisarlo pronto.
La otitis es muy común en perros (y también aparece en gatos). Signos: sacudir la cabeza, rascarse la oreja, mal olor, secreción o sensibilidad al tocar.
Si se cronifica, puede volverse muy dolorosa y difícil de tratar. Cuanto antes se trate, mejor.
Orinar muchas veces, pequeñas cantidades, dolor al orinar o hacer pis fuera de lugar son señales típicas. También puede haber sangre en la orina.
En gatos machos, la obstrucción urinaria es una urgencia. Si entra repetidas veces al arenero y no hace nada, no esperes.
Es muy común en gatos adultos y mayores. Señales tempranas: beber más agua, orinar más, pérdida de peso, apetito irregular, vómitos ocasionales y pelo más descuidado.
En perros también aparece, y detectarla pronto mejora mucho el manejo.
Se ve en perros y gatos. Las señales más típicas son aumento de sed, aumento de orina, hambre excesiva con pérdida de peso y, a veces, apatía.
En gatos puede confundirse con “está comiendo mucho pero está más delgado”. Si ocurre, conviene hacer analítica cuanto antes.

Muy frecuente en perros mayores, y también en gatos aunque se note menos. Señales: rigidez al levantarse, menos ganas de subir escaleras, cambios en el carácter, cojera intermitente o menos interés por jugar.
En gatos, a veces se manifiesta como que deja de saltar a sitios altos o usa menos el rascador.
Estornudos, tos, secreción nasal, ojos llorosos y decaimiento pueden indicar infección respiratoria. En gatos son comunes los cuadros víricos con estornudos repetidos y legañas.
Si hay dificultad respiratoria, respiración con esfuerzo o empeora rápido, es mejor no esperar.
No es una enfermedad puntual, pero sí un factor que empeora casi todo: articulaciones, corazón, diabetes, hígado. Detectarla a tiempo es tan simple como controlar peso y condición corporal.
Si notas que le cuesta moverse, que respira más fuerte al caminar o que la cintura desaparece, vale la pena revisar dieta y actividad con un profesional.
La mayoría de enfermedades comunes no aparecen “de golpe”. Aparecen como pequeñas variaciones en cosas del día a día. Y ahí es donde tú tienes ventaja, porque nadie conoce mejor a tu perro o gato que tú.
Si algo te hace pensar “esto no es normal en él”, suele ser una señal suficiente para observar con atención y consultar. Detectar a tiempo casi siempre significa tratar más fácil, gastar menos y, lo más importante, evitar que tu mascota sufra sin necesidad.
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