Intentar hacer

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 Intentar hacer

Este verano intentaré sacarme esa asignatura de segundo… Intentaré hablar con mi jefe para que… Intentaré decirle a mi madre que…

Muchas veces escuchamos expresiones como estas. Hasta es posible que las utilicemos: intentaré quedar con fulanita para… Lo curioso es que se usan palabras de más: hablo o no hablo, con mi jefe o con quien sea. 

Quedo, o no con una amiga. ¿Para qué “intentar quedar”? 

Pues suele ser, dicen las personas que hablan así, porque no se está seguro del resultado: intento sacarme la asignatura, pero como no depende sólo de mí… 

Usar excusas para no hacer

Así que estas expresiones son un modo de disculparse de antemano. Mientras “intento”, ya estoy pensando que quizás fracase. Que es muy diferente a saber que, evidentemente, cualquier cosa que me pone en relación a los demás, no depende de mí.

Es como si estuviéramos más atentos a los fracasos anteriores, porque se suele utilizar “intento”, con cosas o proyectos intentados de antemano.

Es decir, con cosas que hemos tenido en la cabeza mucho tiempo, las hemos considerado, imaginado, repensado… 

Y luego cuando comenzamos a realizar, nos damos cuenta de la diferencia entre lo imaginado y la realidad. Las horas, días y a veces años que hemos dudado no hacen sino quitarnos fuerza en el empeño. 

¿Qué es mejor? ¿Estudiar medicina o fontanería, darnos cuenta de que no es lo nuestro o intentar estudiar medicina o fontanería y no acabar? Porque es difícil hacer algo mientras se intenta hacerlo.

Las cosas que tenemos en la cabeza ya sean conversaciones con personas o proyectos son semejantes a los sueños o los delirios: carecen de realidad si no se hablan. 

De hecho, es bastante habitual que ideas que nos parecen claras cuando las construimos solos se demuestran endebles al pasarlas al papel. La melodía soñada resulta ser una variación de la canción de moda. El intentar hacer parece una continuación de ese estado de fantasía: intentar hacer parece menos hacer.

No se trata de no tener en cuenta las experiencias anteriores, sino de preservar el máximo deseo para los nuevos deseos.

Así que un consejo: no intenten ligar, ¡liguen! no intenten estudiar ¡estudien! Y verán que no es tan malo que, algunas de las cosas que tenemos en la cabeza, cobren realidad.

Mónica Gorenberg reside en España desde 1983. Nacida en Buenos Aires, es titular de un Diploma de Magisterio por el Instituto Nacional del profesorado de Buenos Aires y de una Licenciatura en Psicología por la UNED.