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Cuando un niño respira por la boca, empuja la lengua contra los dientes, mastica mal o presenta dificultades al pronunciar ciertos sonidos, muchas familias no saben muy bien a qué especialista acudir primero. Y es normal, porque en estos casos el problema no suele estar en una sola cosa. A menudo intervienen la posición de los dientes, el crecimiento de los maxilares, la forma de respirar, la deglución y el patrón muscular de la boca. Por eso, en muchos niños, la mejor solución no depende de un único tratamiento, sino de un trabajo coordinado entre ortodoncia infantil, ortopedia dental y logopedia.
Durante el crecimiento, la boca no solo sirve para comer y hablar. También participa en la respiración, la deglución, el descanso y el desarrollo de los huesos de la cara. Cuando una de esas funciones se altera, puede acabar afectando a las demás. La respiración bucal, por ejemplo, se asocia con maloclusiones como mordida abierta, paladar estrecho o mandíbula retraída. Del mismo modo, hábitos como la interposición lingual o ciertos patrones de deglución pueden influir en cómo crecen los dientes y los maxilares.
Por eso, en algunos niños no basta con “esperar a que cambie al crecer”. Si el patrón funcional se mantiene, el problema puede consolidarse y hacerse más difícil de corregir después. De hecho, la American Association of Orthodontists recomienda una primera valoración ortodóncica no más tarde de los 7 años para detectar a tiempo problemas en desarrollo.
La ortodoncia infantil se centra en corregir la posición de los dientes y la mordida cuando aparecen alteraciones como apiñamiento, mordida cruzada, mordida abierta u otros desajustes. Su función no es solo estética. Una buena mordida ayuda a masticar mejor, facilita la higiene y puede evitar desgastes anómalos o problemas funcionales posteriores.
En niños, además, muchas veces se trabaja en dentición mixta, cuando conviven dientes de leche y definitivos. Esto permite intervenir en el momento adecuado si hay señales de que la mordida se está desviando.
Suele valorarse cuando el niño presenta dientes muy desalineados, mordida cruzada, mordida abierta, falta de espacio o alteraciones que ya están afectando al cierre de la boca, la masticación o incluso al habla. La respiración oral y algunas dificultades para morder o masticar también están entre los signos que pueden justificar una revisión temprana.
La ortopedia dental va un paso más allá de mover dientes. Su objetivo es guiar o corregir el crecimiento de los maxilares mientras el niño aún está en desarrollo. Esto es especialmente útil cuando el problema no está solo en la posición dental, sino en la estructura ósea: paladar estrecho, discrepancias entre maxilar y mandíbula, mordidas cruzadas o ciertas alteraciones de crecimiento facial.
A diferencia de la ortodoncia clásica, la ortopedia aprovecha que el niño está creciendo. Por eso el momento del tratamiento importa mucho.
Si el maxilar superior es estrecho o la mordida está condicionando un crecimiento asimétrico, intervenir pronto puede evitar que el problema se agrave. Algunos problemas son más fáciles de corregir en fases tempranas que cuando el crecimiento ya ha terminado.
Aquí es donde muchas familias se sorprenden. La logopedia no solo trabaja la pronunciación. En este tipo de casos, también aborda funciones orales como la posición de la lengua, la respiración, la deglución y ciertos patrones musculares que pueden estar manteniendo el problema.
Por ejemplo, si un niño empuja la lengua contra los dientes al tragar, respira por la boca o mantiene los labios abiertos en reposo, puede estar generando fuerzas constantes que empujan la dentición hacia una mala posición. Cleveland Clinic señala que el tongue thrust puede asociarse a respiración bucal, dificultades con sonidos como “s” y problemas de mordida como la mordida abierta; entre sus tratamientos figuran la terapia del habla y los aparatos ortodóncicos.

La logopedia, a menudo mediante terapia miofuncional orofacial, busca reeducar la musculatura de labios, lengua y mejillas para favorecer patrones más estables al respirar, tragar y hablar. Esta terapia se usa como complemento del tratamiento ortodóncico y ayuda a mejorar la función oral global.
La clave no está en hacer tres tratamientos por separado, sino en coordinarlos. Imagina un niño con respiración oral, paladar estrecho, mordida abierta y empuje lingual. Si solo se corrigen los dientes, pero la lengua sigue empujando y el niño sigue respirando por la boca, es más probable que el problema reaparezca o que el resultado no se estabilice bien.
En cambio, cuando el ortodoncista infantil corrige la mordida, el ortopedista guía el crecimiento y el logopeda reeduca la función oral, el tratamiento gana solidez. No se trata solo de “dejar los dientes rectos”, sino de conseguir que la boca funcione mejor en reposo, al tragar, al respirar y al hablar.
Puede empezar detectándose que el niño respira por la boca y tiene una mordida abierta. El especialista en ortodoncia u ortopedia valora si hay que expandir el maxilar o corregir la mordida. Al mismo tiempo, logopedia trabaja el sellado labial, la postura de la lengua y la deglución. Si esa coordinación se hace bien, el cambio no se queda solo en la estética: mejora la función y se reduce el riesgo de recaída.
Conviene valorar una revisión si el niño respira por la boca con frecuencia, duerme con la boca abierta, ronca, tiene la lengua entre los dientes al hablar o tragar, presenta dificultades con ciertos sonidos, mastica mal, mantiene los labios abiertos en reposo o muestra mordida abierta, cruzada o dientes muy desalineados. Estas señales no siempre significan que vaya a necesitar los tres abordajes, pero sí justifican una valoración completa.
Lo más importante de este enfoque combinado es que mira el desarrollo oral infantil como un conjunto. Los dientes importan, sí, pero también cómo crecen los huesos, dónde descansa la lengua, cómo entra el aire y cómo se coordinan los músculos de la boca.
Cuando se detecta a tiempo y se trabaja de forma coordinada, no solo mejora la sonrisa. También mejora la función oral, la estabilidad del resultado y, muchas veces, la comodidad diaria del niño. Y ahí es donde este tipo de tratamiento deja de ser una suma de especialistas para convertirse en una solución de verdad.
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