¿Qué tipos de trastornos de ansiedad existen?

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Cada vez es más común oír hablar de trastornos de ansiedad. Si bien es cierto que sentir ansiedad ocasionalmente no es malo y forma parte de la vida, incluso nos beneficia en determinadas ocasiones, el trastorno de ansiedad va más allá. 

Aquellas personas que lo sufren sentirán miedos irracionales y excesivos, así como preocupaciones frecuentes y persistentes en su día a día. Estas sentirán miedo, terror, una ansiedad intensa… de forma repentina. Sumado a un ataque de pánico en muchas de las ocasiones en que ocurre. 

El trastorno de ansiedad supone un problema para las personas, principalmente porque es difícil de controlar, interfiere con las actividades diarias, es desproporcionado y puede afectar durante largos y repetidos periodos de tiempo. 

¿Cuáles son los tipos más comunes de trastornos de ansiedad?

Para poder identificar y mejorar el trastorno de ansiedad, es importante saber qué tipos existen y cuáles son sus características. Y es que cada tipo tiene unos síntomas y, por tanto, unos tratamientos específicos. 

De todas formas, es importante no hacer autodiagnóstico y acudir, siempre que se necesite, a un especialista. 

Los tres tipos más comunes de trastornos de ansiedad son los siguientes:

Trastorno de pánico

En este tipo de trastorno de ansiedad, la persona que lo sufre, se ve afectada por súbitos y repentinos ataques de terror. Esta ansiedad va unida a ataques de pánico.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental, este trastorno se caracteriza por episodios inesperados, muy intensos, de miedo, con síntomas físicos como pueden ser dolor en el pecho, palpitaciones aceleradas del corazón, falta de aire, mareos, angustia o molestia abdominal. 

Debido a todos estos episodios sucesivos, la persona que los sufre cambiará su comportamiento. Se volverá una persona con preocupaciones constantes por si estos episodios y ataques de pánico se repiten. 

Además, es posible que los individuos busquen huir de estas emociones, apoyándose en exceso en algunas personas o, incluso, en sustancias, intentando controlar las reacciones temidas. 

Trastorno de ansiedad generalizada

Este es un trastorno que se desarrolla muy lentamente en las personas. Pueden empezar durante la adolescencia, pero también en la adultez temprana. 

Algunos de los síntomas son la preocupación excesiva por las cosas cotidianas, problemas a la hora de controlar preocupaciones o nervios y tener dificultad, a veces imposibilidad, para relajarse. 

Además, estas personas suelen tener problemas para concentrarse, se sorprenden fácilmente, están cansadas constantemente y tienen problemas para dormir o para permanecer durmiendo. 

No solo esto, sino que también tendrán dolores de cabeza, dolores musculares y molestias del estómago, en ocasiones inexplicables. 

Hay quienes tendrán dificultades para tragar, temblores, tics o movimientos nerviosos, se sentirán irritables o nerviosos, sudarán mucho, sentirán mareos o falta de aire, e incluso, la necesidad constante de ir al baño.  

Trastorno obsesivo-compulsivo o TOC

Esta afección mental consiste en tener pensamientos (obsesiones) y rituales (compulsiones) repetidamente, una y otra vez. Las personas no pueden detenerlos ni controlarlos, de tal manera que acaban afectando a su día a día. 

Aunque no se conoce la causa de este trastorno, sí que es verdad que algunos factores lo pueden potenciar, como la genética, la biología cerebral y química, y su entorno. Algunos factores de riesgo para el TOC pueden ser la historia familiar, la estructura y funcionamiento del cerebro, y el trauma infantil

En los síntomas, como ya hemos mencionado previamente, encontramos tanto obsesiones como compulsiones. 

Algunas de las obsesiones son miedo a los gérmenes o a la contaminación, miedo a perder o a extraviar algo, preocupaciones por perjuicios a uno mismo o a otros, pensamientos prohibidos indeseados referentes a sexo o religión, pensamientos agresivos, a uno mismo o a otros, la necesidad imperante de tener los objetos alineados o de alguna manera particular, etc. 

Y algunas de las compulsiones podrían ser una excesiva limpieza o lavado de manos, una constante verificación de las cosas (por ejemplo, comprobar si la puerta está cerrada, si la luz está apagada…), contar compulsivamente, organizar las cosas de una forma precisa, etc. 

Mi manera de abordar el trabajo terapéutico, después de años de práctica, consiste en elegir y aplicar la mejor técnica para crear las condiciones que hagan posible el cuidado, asumiendo que quien lidera y genera tal proceso es el propio paciente. Tengo la firme creencia de que dentro de cada persona existe un espacio sagrado y puro donde se encuentra el sanador perfecto y que mi presencia ayuda a encontrar el camino que conduce hacia él. En este viaje, que transcurre paso a paso, encontrarás herramientas, procedimientos y nuevos patrones que te permitirán llegar a tu centro, en tus propias y más genuinas soluciones.