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Cómo afrontar las pérdidas de la vejez: ¿cuál es el papel del psicólogo en la tercera edad?

Centro Psicologia Estrella Publicado: 3 de diciembre de 2021

Como bien sabrás, la Psicología es la ciencia social que estudia los procesos mentales y la conducta humana, así como todo lo referente a la experiencia humana. Gracias a ello podemos mejorar nuestras relaciones, desarrollarnos y crecer de la manera en que queremos hacerlo. 

El papel del psicólogo es muy importante en todas las etapas de la vida. Y es que en cualquier momento, un individuo o grupo social puede verse afectado por alguna situación concreta que impida que su día a día vaya con normalidad. 

A menudo, parece olvidarse que las personas en la tercera edad pueden requerir la ayuda de un profesional de la Psicología. Pero, ¿cuál es el papel de un psicólogo en la tercera edad? A continuación, te lo contamos.

¿Cuáles son las funciones del psicólogo en la tercera edad?

Cuando una persona va haciéndose mayor, es posible que no acepte los cambios que eso conlleva. Envejecer supone un declive físico, así como un empeoramiento del ambiente social. 

Por ejemplo, la jubilación o la pérdida de seres queridos pueden ser factores clave para necesitar ayuda psicológica. 

Estrategias de afrontamiento

Entonces, ¿qué es lo que hace el psicólogo? Dado que las situaciones externas mencionadas no se pueden controlar, hay que trabajar en cómo afectan al paciente: se pueden llevar a cabo estrategias de afrontamiento

Estas son necesarias para aceptar el deterioro, tanto físico como cognitivo. En cuanto al deterioro físico, encontramos problemas en la coordinación motora, de integración visual-motora o de integración bilateral. Y ejemplos del deterioro cognitivo son pérdida de memoria, despistes, repeticiones en conversaciones…

El psicólogo en la tercera edad va a permitir que el paciente llegue a sus objetivos y metas propuestas pese a sus limitaciones. 

¿Cuál es la diferencia entre las etapas de la vida? Si bien es cierto que parecen obvias, no siempre lo son. La principal disparidad es que, en las primeras etapas de la vida, las personas se centran en crecer; en la adultez, se centran en mantenerse y obtener recursos para ello; y, por último, en la vejez, se centran en la regulación de las pérdidas

Y es que cada vez se va renunciando a más cosas. De acuerdo, crecer y mantenerse no tiene por qué suponer un problema una vez llegada la vejez. Pero se pierden personas, quizás a la pareja o a hermanos de edades similares o superiores, se pierde la capacidad de recordar absolutamente todo con excelente claridad, se pierde la facilidad de andar kilómetros y kilómetros… 

Es por esto que son imprescindibles las habilidades de afrontamiento, que se van desarrollando y adquiriendo en las sesiones de terapia. El afrontamiento es un factor estabilizador que va a permitir la adaptación psicológica del paciente, sobre todo en momentos de estrés. 

Es en la vejez cuando más fácil resulta adquirir estas estrategias de afrontamiento. Principalmente, porque no queda otra alternativa. A veces resulta la única forma de hacer frente a los problemas de falta de recursos físicos, sociales y psicológicos

Ámbitos en los que incide el profesional

Aparte de las estrategias de afrontamiento comentadas previamente, hay que destacar los dominios o ámbitos en los que el psicólogo interviene. De esta manera, facilita un envejecimiento más activo y sano:

  • El estilo de vida
  • El funcionamiento físico
  • La mejor del funcionamiento cognitivo
  • El mantenimiento del nivel afectivo 
  • Mantenimiento del nivel de afrontamiento
  • El interés en el funcionamiento social y de participación

Ejercicios para modificar las manifestaciones de la vejez

Hay algunos aspectos de la vejez que parecen no tener vuelta atrás. Lo cierto es que, aunque no se van a recuperar las capacidades de hace 20 años, sí se puede mejorar la situación actual:

  • Ejercicios mentales para evitar el declive intelectual
  • Estrategias para recordar, frente a los olvidos
  • Desarrollo de habilidades sociales e incremento de actividades placenteras, para evitar los sentimientos de soledad
  • Hacer ejercicio para recuperar la rapidez
  • Estiramientos para impedir que se reduzca la movilidad
  • Relajación e higiene del sueño, si hubiera insomnio
  • Nuevos aprendizajes para evitar el aburrimiento 

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