Cómo afrontar la pérdida de seres queridos por COVID

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En el mes de marzo, la vida tal y como la vivíamos se acabó. Aquellas cosas que dábamos por supuestas; la seguridad, el control, el progreso, la predicción científica, se nos vinieron abajo. 

Un punto y aparte en nuestras vidas

Las rutinas y los pequeños rituales de cada día se pararon bruscamente. La enorme maquinaria sobre la que se basan las sociedades occidentales (la producción, el crecimiento, la industria, los servicios, el comercio, el turismo, la cultura) se frenó de un día para otro casi por completo. 

Dejamos de salir de casa, tras décadas fomentando las relaciones sociales se nos predicaba la distancia social, la fe en el progreso de la medicina sufrió un varapalo y hemos tenido que volver a medidas de principios del siglo XX para protegernos de un virus que ha llegado por sorpresa y nos ha pillado con el paso cambiado. 

Los estados se han visto sobrepasados por esta pandemia, y las burocracias se vieron detenidas en los momentos iniciales y más duros de esta pandemia, aún no se han acabado de poner en marcha a su ritmo anterior habitual. 

Sin duda estos cambios drásticos traerán consecuencias, con el parón de la economía, nuevas formas de relación social, cambios de costumbres, la utilización de medios telemáticos para reunirnos, para trabajar, para vernos con familiares y amigos. Nuestra confianza deberá ser restablecida. 

Una oportunidad para pararnos a pensar

Me pregunto si esta es una buena oportunidad para pararnos a pensar en los valores que nos inspiran y en el futuro que queremos como sociedad en el presente y para las generaciones venideras.

Empezamos a hablar a diario de número de personas infectadas, de nuevas hospitalizaciones, de ocupaciones de las UCI, de la saturación y desbordamiento del sistema sanitario, de muertes.

 ¿Quién no ha sufrido de una u otra manera pérdidas de seres queridos o de conocidos? Todos podemos contar algunos casos de personas fallecidas, de personas con secuelas y también de personas recuperadas del COVID19

La muerte y la pérdida se nos han hecho presentes, y esto puede conllevar un aumento de la angustia ante la idea de nuestra finitud. Muchas veces no hemos podido despedirnos de los seres queridos, los duelos no pueden ser acabados, no hemos podido cumplir los ritos de cierre o no queremos despedirnos todavía de seres queridos que han muerto de forma inesperada

Gestionar la rabia y la impotencia

La rabia, la impotencia y la tristeza profunda nos pueden atrapar y bloquear, impidiéndonos seguir con nuestras vidas. 

Es frecuente en estos tiempos que parecen el final de una época, que aumente la incertidumbre, se nos caiga el velo de la supuesta seguridad de la existencia, la sensación de la propia vulnerabilidad se haga presente, y que la ansiedad y el miedo nos atrapen, nos inmovilicen impidiéndonos seguir con nuestras vidas.

Para poder seguir adelante es imprescindible la conexión con otras personas, el diálogo, el contacto de persona a persona, Yo-Tu que nos puede permitir construir significados e integrar lo que nos está ocurriendo. Necesitamos pausa y diálogo para restablecer una confianza que, quizá, va a ser distinta de la época anterior, pero que es básica y es nuestra fortaleza como especie. 

Debemos escucharnos para poder construir nuevas seguridades, generar de nuevo retos y motivaciones, descubrir formas novedosas de mantenernos en relación. Es importante que podamos cuidarnos, cuidar a otras personas y permitir que nos cuiden.

Posiblemente se acabe una época y esté empezando otra, ahora tenemos la oportunidad de decidir cómo queremos que sea.

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