Efectos psicológicos de la cuarentena en adultos

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La enfermedad de la Covid, que apareció en nuestras vidas durante el año 2020, ha provocado una serie de cambios importantes en nuestra forma de comportarnos. No solo a nivel grupal o colectivo, algo que las restricciones impuestas en casi todo el planeta han propiciado, también a nivel individual puesto que ha modificado la forma en la que nos comportamos a muchos niveles.

El punto álgido de la pandemia mundial, casos positivos y muertes a un lado, llegó con la cuarentena o confinamiento. Este encierro al que se han visto obligados millones de personas alrededor del planeta, a fin de evitar la propagación del virus, ha hecho mella en las personas que, de golpe y porrazo, se vieron desconectadas del resto de familiares, seres queridos, amigos y/o compañeros de trabajo.

Despojados de muchas de sus libertades, los seres humanos han tenido que adaptarse de manera forzosa a una especie de cautiverio y muchos expertos apuntan a los efectos adversos que han dejado y dejarán en el futuro, tanto a nivel económico como a nivel psicológico, estas cuarentenas.

Los problemas de la cuarentena

Es evidente que esta fórmula seleccionada por muchos gobiernos tenía y tiene un objetivo muy claro y así se hizo saber: evitar la infección. Dado que no existían demasiadas evidencias sobre su transmisión y no existía una cura –en el momento de escribir estas líneas se están introduciendo en las sociedades diferentes vacunas –, el miedo a contraer la enfermedad y sufrir consecuencias graves, cuando no la muerte, era un síntoma de estrés entre la población.

Una vez confinados, los ciudadanos han tenido que modificar por completo su forma de vivir. Las jornadas en la oficina dejaron paso al teletrabajo y en el caso de las familias con hijos, también a trabajar con ellos para que no perdieran el hilo de su proceso educativo.

Esto provocó y provoca un aislamiento absoluto y por parte de los adultos a despedirse de sus momentos de ocio, esparcimiento o de práctica de deporte al aire libre o en un espacio habilitado. El aburrimiento y la frustración de no poder acceder a aquello que durante tanto tiempo habían tenido al alcance de la mano, trajo consigo comportamientos irascibles.

Con el anuncio del cierre en los hogares se produjo una avalancha de compra de suministros, lo que provocó cierta escasez. La falta de víveres, otrora tan sencillos de conseguir, desembocó en ansiedad y enfado. En este punto hay que subrayar a los pacientes con necesidades concretas, exigidos de medicamentos, tratamiento o consultas, que tuvieron que apañarse para capear el temporal.

Los expertos aseguran que los síntomas de esta carencia se pueden prolongar en el tiempo, incluso acabada la cuarentena, por más de 4 meses.

La duración de la reclusión es otro elemento a valorar. Cuanto más tiempo pase bajo este régimen, más probabilidades de que aparezcan problemas psicológicos, como estrés postraumático.

Para terminar, el flujo de información en ocasiones contradictoria y poco clara, consumida por las personas a través de diversos medios de comunicación, trajo consigo novedades que causaron un estrés emocional. Conocer la evolución del problema, la forma de afrontarlo, el uso de elementos casi desconocidos – el gel hidroalcohólico o la mascarilla – y demás contingencias ocasiona incertidumbre y miedo.

Los problemas después de la cuarentena

La vuelta a la ‘nueva normalidad’ vino con mucha alegría y celebración generalizada. Los efectos psicológicos eran evidentes, aunque podían tomarse un ligero descanso de tanto en cuanto, pero a nivel estructural, las sociedades continuaron sufriendo los efectos adversos del cierre impuesto – al no poder salir de casa, los comercios echaron el cierre –.

No hay ninguna duda de que la economía estaba afectada y muchas voces con conocimiento en la materia anunciaron, a bombo y platillo, que los cierres en multitud de empresas traerían consigo pérdidas, recortes y hasta quiebras, como así ha sido. La falta de trabajo e ingresos son, a su vez, causa de estrés y ansiedad en aquellos profesionales que han sufrido la parte más cruda de la recesión.

Las ayudas económicas tratan de mitigar un panorama desalentador que pone en jaque en buena parte de la población, cuyos ingresos mensuales son la base de su supervivencia. Aunque el teletrabajo ha ayudado a solucionar parte del contratiempo, todos aquellos especialistas que no pudieron enfrentar su labor de manera telemática sufrieron a nivel coyuntural y psicológico.

Por si todo eso no fuese suficiente, los resultados positivos en coronavirus, los contactos estrechos y demás situaciones que generaron cuarentenas a título personal acarrearon otra consecuencia: el estigma. A fin de cuentas, ser señalado o identificado como persona en cuarentena puede suponer, especialmente a posterior, un rechazo hacia esa persona.

En resumen, las consecuencias y estragos de la Covid son palpables y queda por saber hasta cuándo se prolongarán.

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