Déficit de atención: Síntomas, causas y tratamientos

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El déficit de atención o TDAH consiste en un trastorno del desarrollo neuropsíquico del niño y el adolescente, caracterizado por hiperactividad, impulsividad, incapacidad de concentración, que generalmente ocurre antes de los 7 años de edad.

El síndrome ha sido descrito clínicamente y definido en criterios diagnósticos y terapéuticos principalmente por psiquiatras y pediatras de los Estados Unidos, sobre la base de miles de publicaciones científicas, en el «Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders», el manual publicado por la Asociación Psiquiátrica Americana utilizado como referencia psiquiátrica internacional.

Síntomas y diagnóstico 

Según el DSM, el TDAH puede definirse, por lo tanto, como un estado de falta de atención y/o hiperactividad e impulsividad persistente más frecuente y grave que la que se observa típicamente en niños de igual nivel de desarrollo.

Estos síntomas acaban provocando un estado de malestar e incapacidad mayor que el típico de los niños de la misma edad y nivel de desarrollo.

Los principales síntomas de esta condición son:

  • La falta de atención.
  • La hiperactividad.
  • La impulsividad.

Estos síntomas se presentan durante al menos 6 meses y aparecen antes de los siete años de edad. Los niños con déficit de atención: 

  • tienen dificultad para realizar cualquier actividad que requiera concentración.
  • parecen no escuchar nada de lo que se les dice y son demasiado vivaces.
  • responden impetuosamente y no pueden esperar su turno en la cola. 
  • pueden mostrar serias dificultades de aprendizaje.

Utilizando un criterio de diagnóstico más restrictivo, la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados de la Organización Mundial de la Salud define la presencia de este trastorno cuando hay síntomas de hiperactividad, comportamiento impulsivo y déficit de atención.

El síndrome de TDAH puede ir acompañado del desarrollo de otras formas de malestar: ansiedad y depresión, trastornos de comportamiento, dificultades de aprendizaje, desarrollo de tics nerviosos.

Las causas 

Las causas que conducen a la manifestación del síndrome de TDAH no son inequívocas, ni han sido aun plenamente establecidas por los médicos. Varias investigaciones identifican una cierta familiaridad en la presencia del TDAH, sugiriendo un componente genético en su transmisión

Algunos estudios van en la dirección de evaluar los efectos del alcohol y el tabaco durante el embarazo en el desarrollo del TDAH. Desde el punto de vista neurofisiológico, los estudios realizados en algunas áreas del cerebro por la división de psiquiatría pediátrica de los Servicios de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH), con resonancias magnéticas, tomografías computarizadas y diferentes tipos de técnicas de tomografía han demostrado que esas áreas son en realidad de menor volumen en los niños con TDAH que en aquellos en los que no se produjo el síndrome, es decir, en los casos de control.

Tratamiento 

El tratamiento del TDAH puede requerir tanto un enfoque terapéutico, siguiendo una terapia psicodinámica, como un enfoque farmacológico. El fármaco más recomendado por los estudios para el tratamiento farmacológico es el medicamento llamado Ritalin. 

En cualquier caso, el enfoque terapéutico óptimo se deriva de la capacidad de los médicos y las familias para desarrollar, durante un seguimiento prolongado, un equilibrio adecuado entre beneficios y riesgos para el desarrollo del niño con TDAH.

Por consiguiente, es fundamental poder distinguir si el tratamiento farmacológico prolongado con estimulantes o las intervenciones terapéuticas y conductuales no farmacológicas son más favorables para esta evolución.

Según los investigadores, entre el 70 y el 80 por ciento de los niños responden positivamente al tratamiento, mejorando su capacidad de concentración, de aprendizaje, de relación con otros niños y profesores, y de control de sus conductas impulsivas.

Una relación a largo plazo con el psiquiatra infantil, tanto por parte del niño como de la familia, es esencial para que el resultado de la terapia sea positivo, a fin de desarrollar técnicas concertadas de gestión del comportamiento.

El uso de tratamiento farmacológico, en todo caso, debe ser el resultado de un diagnóstico cuidadoso, que se basa en la realización por parte del niño de numerosas pruebas, que permiten evaluar todas las posibilidades de reducir al mínimo el riesgo del propio tratamiento y establecer la idoneidad terapéutica del fármaco.

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