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Cuando pensamos en salud bucodental, solemos centrarnos en los dientes. Sin embargo, las encías desempeñan un papel igual de importante. Son el tejido que protege y sostiene las piezas dentales, y cuando se inflaman o enferman, todo el equilibrio de la boca se ve afectado. La periodoncia es la especialidad encargada de prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades de las encías.
Las encías sanas tienen un aspecto firme, rosado y no sangran al cepillarse. Cuando aparece inflamación, enrojecimiento o sangrado, estamos ante una señal de alerta. No es algo que deba normalizarse. Muchas personas conviven con el sangrado diario sin darle importancia, pero suele ser el primer síntoma de una alteración periodontal.
El origen más frecuente de los problemas de encías es la acumulación de placa bacteriana. Si no se elimina correctamente con la higiene diaria, se endurece y se convierte en sarro. Este se adhiere al diente y favorece la inflamación del tejido que lo rodea.
La enfermedad periodontal no aparece de un día para otro. Generalmente comienza como una gingivitis, que es una inflamación superficial de las encías. En esta fase todavía es reversible si se actúa a tiempo.
Si no se trata, la infección puede avanzar hacia tejidos más profundos y convertirse en periodontitis. En este estadio ya no solo se ve afectada la encía, sino también el hueso que sostiene el diente. Se forman bolsas periodontales donde se acumulan bacterias y la pérdida de soporte puede provocar movilidad dental.
Uno de los aspectos más delicados es que la periodontitis no siempre duele en sus fases iniciales. Por eso muchas personas acuden a consulta cuando el problema ya está avanzado.
La periodoncia no se limita a realizar limpiezas. El tratamiento depende del grado de afectación. En casos leves, una limpieza profesional y una mejora en la higiene pueden ser suficientes para controlar la inflamación.
Cuando existe periodontitis, suele ser necesario realizar un raspado y alisado radicular. Este procedimiento elimina el sarro acumulado bajo la encía y limpia las superficies de la raíz del diente. Se realiza con anestesia local y permite reducir la infección y la profundidad de las bolsas.
En situaciones más avanzadas pueden requerirse tratamientos adicionales para regenerar tejido o controlar la progresión de la enfermedad. Cada caso debe valorarse de forma individual.

Una vez tratada la enfermedad, el mantenimiento es fundamental. La periodontitis es una patología crónica, lo que significa que puede reactivarse si no se controla adecuadamente.
Las visitas periódicas permiten revisar el estado de las encías, medir la profundidad de las bolsas y eliminar posibles depósitos de sarro. El intervalo entre revisiones depende de cada paciente, pero suele oscilar entre tres y seis meses.
Este seguimiento es clave para conservar los resultados a largo plazo. No se trata solo de tratar, sino de prevenir recaídas.
La mejor herramienta para mantener encías sanas es una higiene adecuada. El cepillado debe realizarse con suavidad, utilizando un cepillo de cerdas medias o suaves y prestando especial atención al margen de la encía.
El uso de hilo dental o cepillos interdentales es imprescindible. Muchas infecciones comienzan entre los dientes, donde el cepillo no alcanza. Incorporar este hábito reduce significativamente el riesgo de inflamación.
También es importante elegir un dentífrico adecuado y, en algunos casos, utilizar colutorios específicos recomendados por el profesional.
El tabaco es uno de los principales factores de riesgo para la enfermedad periodontal. Afecta a la respuesta del sistema inmunológico y dificulta la cicatrización de los tejidos.
Determinadas enfermedades sistémicas, como la diabetes mal controlada, también pueden aumentar la susceptibilidad a problemas de encías. Por eso es importante abordar la salud bucal como parte de un enfoque integral.
El estrés, los cambios hormonales y algunos medicamentos pueden influir en la inflamación gingival. Conocer estos factores ayuda a adaptar el tratamiento y el mantenimiento.
La salud periodontal no solo afecta a los dientes. Existen estudios que relacionan la inflamación crónica de las encías con otras alteraciones del organismo. Mantener las encías sanas contribuye al bienestar general.
Además, unas encías saludables influyen en la estética de la sonrisa. La retracción gingival o la inflamación visible pueden afectar la armonía facial.
Cuidar las encías no es una cuestión secundaria. Son el soporte invisible que sostiene cada sonrisa.
La periodoncia nos recuerda que la prevención y el seguimiento constante marcan la diferencia. Escuchar las señales del cuerpo, no ignorar el sangrado y acudir a revisiones periódicas son decisiones sencillas que evitan complicaciones mayores. Las encías, aunque discretas, tienen un papel protagonista en la salud oral. Cuando están fuertes y equilibradas, los dientes cuentan con una base sólida para mantenerse sanos durante muchos años.
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