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Perder uno o varios dientes no solo afecta a la estética de la sonrisa. También influye en la forma de masticar, hablar y, con el paso del tiempo, en la estructura ósea de la cara. La implantología es la rama de la odontología que se encarga de rehabilitar la boca mediante implantes dentales, devolviendo funcionalidad y estabilidad a largo plazo.
Cuando falta una pieza dental, el hueso que la sostenía empieza a perder volumen. Es un proceso progresivo que puede pasar desapercibido al principio, pero que termina afectando a la mordida y al equilibrio del resto de los dientes. La implantología no se limita a sustituir el diente visible, sino que busca reconstruir la raíz perdida para mantener la salud del conjunto.
Un implante dental es una estructura de titanio que se coloca en el hueso maxilar o mandibular. Actúa como una raíz artificial sobre la que posteriormente se fija una corona, un puente o incluso una prótesis completa. La clave está en que el implante se integra con el hueso, creando una base sólida y estable.
La rehabilitación mediante implantes no consiste únicamente en colocar una pieza nueva. Implica estudiar la mordida, el estado de las encías, la calidad del hueso y la posición del resto de los dientes. Es un tratamiento personalizado.
En implantología, la planificación es fundamental. Se utilizan radiografías y, en muchos casos, escáneres tridimensionales para analizar el volumen óseo disponible y decidir la posición exacta del implante. Colocarlo correctamente garantiza una distribución adecuada de las fuerzas al masticar.
Cuando la pérdida dental es múltiple, el enfoque cambia. No siempre es necesario colocar un implante por cada diente ausente. En muchas ocasiones se pueden rehabilitar varias piezas apoyándose en un número estratégico de implantes, optimizando resultados y tiempos.
La colocación del implante se realiza bajo anestesia local. Es un procedimiento quirúrgico controlado y planificado al detalle. Tras su inserción en el hueso, comienza el proceso de osteointegración.
La osteointegración es el periodo en el que el hueso se fusiona con la superficie del implante. Este proceso puede durar entre dos y cuatro meses, dependiendo de cada caso. Durante este tiempo, el implante se convierte en una estructura firme y estable.
Una vez confirmado que el implante está bien integrado, se coloca el pilar que conectará con la prótesis definitiva. Posteriormente se diseñan y colocan las coronas o prótesis personalizadas, buscando un resultado natural tanto en forma como en color.
En determinadas situaciones es posible realizar una carga inmediata, es decir, colocar una prótesis provisional el mismo día de la cirugía. No todos los casos lo permiten, pero cuando es viable mejora la comodidad del paciente.

La implantología también ofrece soluciones para personas que han perdido todos los dientes de una arcada. Mediante técnicas específicas, se pueden rehabilitar bocas completas apoyándose en varios implantes estratégicamente colocados.
Estas rehabilitaciones permiten recuperar la estabilidad al masticar y hablar, algo que muchas prótesis removibles no consiguen. La sensación de firmeza y seguridad suele suponer un cambio importante en la calidad de vida.
Además, al estimular el hueso, los implantes ayudan a preservar la estructura facial. Esto contribuye a mantener un aspecto más natural con el paso del tiempo.
Uno de los principales beneficios de la implantología es la durabilidad. Con una correcta planificación y un mantenimiento adecuado, los implantes pueden acompañar al paciente durante muchos años.
A diferencia de los puentes tradicionales, no es necesario desgastar los dientes vecinos. Esto permite conservar la estructura natural de las piezas adyacentes.
También mejora la distribución de fuerzas en la mordida. Al funcionar como raíces artificiales, los implantes transmiten la presión al hueso de forma similar a los dientes naturales.
Desde el punto de vista emocional, recuperar piezas perdidas tiene un impacto evidente. Volver a sonreír sin complejos y masticar con normalidad aporta confianza y bienestar.
Aunque los implantes no pueden desarrollar caries, sí necesitan cuidados. La higiene diaria es esencial para evitar la acumulación de placa alrededor de la encía que rodea el implante.
Las revisiones periódicas permiten comprobar que el tejido gingival está sano y que no existen signos de inflamación. La periimplantitis, una inflamación alrededor del implante, puede comprometer su estabilidad si no se trata a tiempo.
Seguir las recomendaciones profesionales y mantener una rutina constante es la mejor garantía de éxito.
La implantología ha transformado la manera de abordar la pérdida dental. No se trata solo de colocar una pieza nueva, sino de reconstruir función, estabilidad y equilibrio en la boca. Cuando el tratamiento está bien planificado y el paciente se implica en su cuidado, los resultados se integran en la vida cotidiana con naturalidad. Comer, hablar y sonreír vuelven a ser gestos espontáneos, sin la preocupación constante de una pieza ausente.
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