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La ortodoncia con brackets es uno de los tratamientos más conocidos dentro de la odontología. Durante años ha sido la opción más utilizada para corregir la posición de los dientes y mejorar tanto la estética como la función de la boca. Aunque hoy en día existen alternativas más discretas, los brackets siguen siendo una solución eficaz, versátil y accesible para niños, adolescentes y adultos.
Cuando hablamos de ortodoncia, no nos referimos únicamente a “tener los dientes rectos”. Detrás de este tratamiento hay un objetivo mucho más amplio: lograr una mordida equilibrada. Una mala alineación dental puede provocar problemas al masticar, desgaste irregular de las piezas, dolores mandibulares e incluso dificultades en la higiene diaria. Corregir la posición de los dientes no es solo una cuestión estética, también es una inversión en salud.
Los brackets funcionan aplicando una presión constante y controlada sobre los dientes. Cada pieza lleva adherido un pequeño soporte metálico o estético, unido por un arco que guía el movimiento dental. Con revisiones periódicas, el profesional ajusta la tensión para que los dientes se desplacen poco a poco hasta alcanzar la posición deseada. Es un proceso progresivo y planificado, que requiere tiempo y seguimiento.
El movimiento dental no es inmediato. El hueso que rodea cada diente necesita adaptarse a la nueva posición, y eso exige paciencia. Por eso los tratamientos suelen durar entre uno y dos años, dependiendo de la complejidad del caso. En situaciones más leves puede ser menos tiempo, y en otras más complejas, algo más prolongado.
Existen distintos tipos de brackets. Los más tradicionales son los metálicos, reconocibles por su resistencia y eficacia. Son una opción muy habitual en adolescentes por su durabilidad y coste moderado.
También están los brackets estéticos, fabricados en cerámica o materiales translúcidos, que se mimetizan mejor con el color natural del diente. Resultan más discretos a simple vista y son una alternativa frecuente en adultos que desean corregir su sonrisa sin que el tratamiento sea demasiado llamativo.
Otra opción son los brackets autoligables, que incorporan un sistema de sujeción que no necesita gomas elásticas. Esto puede facilitar la higiene y, en algunos casos, reducir la fricción durante el movimiento dental. La elección dependerá de las necesidades clínicas, el presupuesto y las preferencias personales.

La ortodoncia puede realizarse tanto en niños como en adultos. En la infancia, suele recomendarse una primera revisión alrededor de los seis o siete años. A esa edad ya es posible detectar problemas de crecimiento óseo o alteraciones en la mordida que conviene vigilar.
En adolescentes es cuando más tratamientos se inician, ya que todavía están en fase de crecimiento y los movimientos dentales suelen ser más ágiles. Sin embargo, cada vez es más habitual ver adultos con brackets. No existe una edad límite para mejorar la alineación dental, siempre que las encías y el hueso estén sanos.
Llevar brackets implica prestar especial atención a la higiene bucodental. Los restos de comida pueden quedar atrapados con facilidad alrededor de los soportes y el arco, lo que aumenta el riesgo de caries o inflamación de encías.
Es recomendable cepillarse después de cada comida, utilizar cepillos interproximales y, si es posible, irrigador dental. Además, conviene evitar alimentos muy duros o pegajosos que puedan despegar los brackets o deformar el arco.
Durante los primeros días tras la colocación o después de un ajuste es normal sentir molestias o presión. Suele tratarse de una sensación leve y temporal que desaparece en pocos días. El uso de cera ortodóncica puede ayudar si algún bracket roza la mucosa.
Uno de los grandes beneficios de la ortodoncia con brackets es la mejora en la función masticatoria. Una mordida bien alineada distribuye mejor las fuerzas al masticar y reduce el desgaste desigual de los dientes.
También puede contribuir a disminuir tensiones en la articulación temporomandibular, evitando molestias al abrir o cerrar la boca. Además, unos dientes alineados son más fáciles de limpiar, lo que facilita mantener una buena salud bucal a largo plazo.
Por supuesto, el impacto en la autoestima no debe subestimarse. Muchas personas experimentan un cambio importante en su seguridad al sonreír tras finalizar el tratamiento. Sentirse cómodo con la propia sonrisa influye en la forma en que nos relacionamos y nos expresamos.
Cuando se retiran los brackets, comienza una fase igual de importante: la retención. Los dientes tienen memoria y tienden a volver, al menos parcialmente, a su posición inicial.
Por eso se colocan retenedores, que pueden ser fijos o removibles. Su función es mantener los resultados obtenidos. Seguir las indicaciones del profesional en esta etapa es clave para que el esfuerzo realizado durante meses o años se mantenga en el tiempo.
Optar por ortodoncia con brackets es asumir un compromiso temporal con un objetivo claro: mejorar la salud y la armonía de la sonrisa. Requiere constancia, revisiones periódicas y cuidado diario, pero los resultados suelen compensar ampliamente el proceso. No se trata solo de estética, sino de bienestar y equilibrio funcional que pueden acompañarte durante toda la vida.
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