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Las carillas dentales han ganado popularidad porque permiten mejorar la sonrisa de forma rápida, estética y con un resultado muy natural. Muchas personas recurren a ellas cuando quieren corregir pequeños defectos como manchas, roturas, ligeras desalineaciones o diferencias de tamaño entre dientes. Lo mejor es que, en la mayoría de los casos, el proceso es mínimamente invasivo y los resultados se aprecian casi al instante.
Una de las razones por las que se recomiendan tanto es su capacidad para aportar armonía a la sonrisa sin necesidad de realizar grandes tratamientos. Son una alternativa ideal para quienes buscan un cambio visible pero conservando la esencia de sus dientes.
Las carillas son láminas muy finas que se colocan sobre la superficie visible de los dientes. Su función es mejorar el aspecto estético sin modificar la estructura interna del diente. Están diseñadas a medida, lo que permite adaptarlas perfectamente al color, forma y proporciones de cada persona.
Existen dos materiales principales: composite y porcelana. Ambos ofrecen resultados diferentes y se eligen según las necesidades del paciente.
Aunque todas cumplen una función estética, cada tipo tiene características distintas que conviene conocer antes de decidir.
Se aplican directamente sobre el diente y se moldean en la clínica.
Ventajas principales:
Son perfectas para pequeños retoques o para quienes buscan un cambio moderado sin grandes preparaciones.
Se diseñan en laboratorio y ofrecen un acabado muy natural.
Ventajas principales:
Suelen recomendarse cuando se busca un resultado más duradero o cuando el cambio estético es mayor.
Las carillas destacan por la cantidad de mejoras que permiten conseguir con un tratamiento relativamente sencillo.

La combinación de estética, rapidez y comodidad es lo que hace que tantas personas elijan este tratamiento.
No todos los casos requieren carillas, pero hay situaciones en las que son especialmente apropiadas.
Un especialista valorará si es necesario realizar algún tratamiento previo, como una limpieza profesional, un blanqueamiento o una corrección de mordida ligera.
El tratamiento de carillas es más sencillo de lo que parece y suele dividirse en varias etapas bien definidas.
Se analizan las necesidades estéticas, la salud bucodental y el tipo de resultado que se busca. Es habitual realizar fotografías y un estudio previo de la sonrisa.
En esta fase se decide el color, la forma y el tamaño de las carillas. En muchos casos se utiliza una simulación previa para que el paciente visualice el resultado.
En las carillas de porcelana puede ser necesario un leve pulido del esmalte, aunque en la actualidad el desgaste suele ser mínimo. En las de composite normalmente no hace falta.
Las carillas se adhieren de forma precisa con una resina especial. El especialista ajusta cada detalle hasta lograr un resultado natural y equilibrado.
Se confirma que la mordida es correcta y que el paciente se siente cómodo con el resultado final.
Una vez colocadas, las carillas requieren ciertos cuidados para conservar su aspecto durante muchos años.
Las carillas son resistentes, pero cuidarlas ayuda a prolongar su vida útil y mantener su estética intacta.
Las carillas dentales permiten transformar la sonrisa de forma rápida, elegante y personalizada. Cuando están bien diseñadas y colocadas por un profesional, se integran tan bien que nadie nota que están ahí.
Lo más sorprendente es cómo un cambio tan pequeño puede tener un impacto tan grande en la expresión, la autoestima y la seguridad al sonreír. Y es que, a veces, un detalle bien hecho basta para que una persona recupere la confianza en su propia sonrisa.
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