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“Si alimentamos de amor a los niños sus miedos morirán de hambre”, hace unos días leía esta frase y me hizo reflexionar sobre los efectos que puede estar teniendo la falta de contacto afectivo en los niños y como esto está generando también miedos a ser tocados por temor al contagio.
Hemos pasado de la mala costumbre de pedir a los niños que den besos o abrazos a cualquiera, de tocarles la cabeza sin su consentimiento o pellizcarles las mejillas, a que no puedan acercarse a nadie o no puedan tener contacto físico con sus abuelos, tíos, amigos… por temor a ser contagiados, o lo que es peor, contagiar a alguno de sus seres queridos.
Esta falta de contacto afectivo, obviamente dejará huellas en todos nosotros, así que todos debemos ayudar a paliar esta carencia con otros comportamientos dirigidos a los niños.
Debemos hablar de las emociones y sentimientos que nos provoca esta situación, que no se convierta en un tema tabú, es importantísimo que los niños puedan expresar sus inseguridades y sus miedos en un contexto de seguridad afectiva.
Existen muchas maneras de mostrar afectividad hacia los niños sin necesidad de dar besos o abrazos.
En primer lugar, debemos ser conscientes de la importancia de la mirada hacia los niños, observar lo que hacen y devolverles lo excepcionales que son.
La mirada que ofrecemos al niño, interesándonos por él, dando importancia a sus acciones, le sirve de estímulo y le da seguridad. Por lo tanto, mirar a los niños es una herramienta básica que debemos utilizar deliberadamente en estos tiempos (y siempre). Mirándoles les estamos diciendo “aquí estás y eres importante para mí”.
Nuestra mirada es indispensable, una mirada libre de juicios, que contemple y valore todas las competencias que tienen.
Otra cuestión a tener en cuenta cuando estamos interactuando con los niños y las niñas es la importancia de nuestra postura, debemos ponernos a su altura. Esto les hará sentir que les tenemos en cuenta y se sentirán acompañados.
Al ponernos a su altura los niños nos percibirán como más cercanos y esto les proporcionará seguridad.
Debemos practicar la escucha activa, es decir, interesarnos por todo lo que expresen, sintiéndose escuchados y comprendidos; podemos darles mensajes del tipo “¡qué interesante eso que me estás contando!”; también de manera no verbal con nuestros gestos; o dejando de hacer lo que estuviéramos haciendo en ese momento para escucharles.
Por otro lado, debemos ser conscientes de que los niños necesitan moverse, así que en el caso de que no puedan hacer actividades donde se les permita esto, debemos organizar momentos en los que puedan hacerlo (dar un paseo, hacer carreras, montar en bici, patinar, bailar…).
Todos los estamos pasando mal con esta situación, así que debemos intentar sobrellevarlo lo mejor posible.
¡Ánimo a todos!
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