¿Cuándo debo cambiar los discos y las pastillas de freno?

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La seguridad al volante es fundamental, especialmente cuando se recorren largas distancias. Por eso, los especialistas recomiendan revisar que el vehículo cumpla con todas las condiciones para emprender la marcha sin necesidad de detenerse por el camino – para otra cosa que no sea descansar, estirar las piernas, alimentarse e hidratarse –.

Dentro de los parámetros de seguridad que es necesario revisar de tanto en cuanto están los discos y pastillas de freno. Estos elementos funcionan de manera conjunta. Los discos, tradicionalmente elaborados en hierro, se acoplan a la suspensión del automóvil y es en el interior de la pinza de freno, que sujeta el disco, en donde se instalan las pastillas.

Lo que hace que el vehículo se detenga cuando pisas el freno es la fricción entre estas dos piezas: el disco y la pastilla.

¿Cuanto suelen durar los frenos?

Igual que la gasolina que tienes en el depósito se consume cuando pones en marcha el vehículo y te desplazas, los discos y pastillas de freno se desgastan cada vez que decides accionar el pedal del freno.

Como verás un poco más adelante, la durabilidad de los discos de freno dependerá de la calidad de los mismos. Se recomienda que se cambien cada 25.000 kilómetros si bien algunos podrían alcanzar el doble o triple de distancia sin necesidad de ser revisados. Ocurre, eso si, que el desgaste de los frenos delanteros es mayor que el de los traseros.

En el caso de las pastillas saber cuándo hay que proceder a su sustitución es más complicado de determinar. Dependerá de las características del automóvil, de la distancia recorrida o del tipo de conducción que se realiza. Lo mejor es echar un vistazo a las pastillas cada cierto tiempo para ver cómo están desgastadas.

Si tienes suerte, puede que tu coche te avise mediante una luz en tu tablero de mandos acerca de la necesidad de realizar este cambio.

¿De qué están hechos los discos y las pastillas de freno?

Las pastillas pueden presentarse en diferentes calidades; las más corrientes están hechas de metal, pero también las hay de cerámica o compuestos orgánicos – fibras de vidrio, carbono, caucho –. Dentro de las metálicas hay las que están compuestas en un 100% por este material y las semimetálicas, que cuentan con polvo de hierro, lana de acero o cobre mezclado.

La elección de este elemento dependerá de factores como el precio – las metálicas son las más caras –, la durabilidad – las orgánicas y las de cerámica tiene una vida útil menor – o las necesidades del conductor – las piezas orgánicas no son aptas para la conducción extrema –.

Con los discos pasa exactamente lo mismo. Hay una variedad mucho más amplia y la elección de unos u otros depende del tipo de vehículo, su uso, durabilidad o capacidad adquisitiva. Así, en el mercado se pueden encontrar discos de freno: carbocerámicos, ondulados, sólidos, ventilados, perforados, rayados y perforados y rayados.

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