¿Necesito usar plantillas para los pies?: 8 claves en las que te tienes que fijar
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as verrugas plantares, conocidas también como papilomas en el pie, son una de las consultas más habituales en podología. Aunque en muchos casos se confunden con callos o durezas, su origen es completamente distinto y requieren un tratamiento específico.
Estas lesiones pueden resultar molestas, dolorosas al caminar e incluso contagiosas. Por eso, reconocerlas a tiempo y acudir a un profesional es clave para evitar que se extiendan o se vuelvan más difíciles de eliminar.
A continuación veremos qué son exactamente, cómo se contagian y qué opciones existen para tratarlas.
El papiloma plantar es una lesión cutánea causada por el virus del papiloma humano (VPH). Este virus infecta la capa más superficial de la piel y provoca un crecimiento anormal del tejido.
En el pie suele aparecer en la planta, especialmente en zonas de apoyo como el talón o la parte anterior del pie. La presión al caminar hace que la verruga crezca hacia dentro en lugar de hacia fuera, lo que explica por qué puede resultar dolorosa.
Visualmente, suele presentar una superficie rugosa y pequeños puntos negros en su interior. Estos puntos corresponden a pequeños vasos sanguíneos trombosados.
Muchas personas lo confunden con un callo porque ambos pueden generar dureza en la piel, pero existen diferencias claras que un podólogo puede identificar con facilidad.
El virus que provoca los papilomas es muy común y se transmite por contacto directo con superficies contaminadas o con la piel infectada.
Los lugares donde es más fácil contagiarse suelen ser:
Caminar descalzo en estos espacios aumenta el riesgo de infección, especialmente si la piel tiene pequeñas heridas o grietas.
También es posible que el propio paciente extienda el virus a otras zonas del pie al rascar o manipular la lesión.
No todas las personas que entran en contacto con el virus desarrollan verrugas. El estado del sistema inmunológico y la integridad de la piel influyen mucho en que la infección llegue a producirse.

Uno de los signos más claros de una verruga plantar es el dolor al presionar lateralmente la lesión. En los callos, en cambio, el dolor suele aparecer cuando se presiona directamente hacia abajo.
Otros síntomas frecuentes incluyen:
En algunos casos aparece una sola verruga, pero también pueden desarrollarse varias agrupadas formando lo que se conoce como verruga mosaico.
Cuando la lesión crece o se multiplica, el tratamiento suele volverse más largo, por lo que actuar cuanto antes es lo más recomendable.
Muchas personas intentan eliminar los papilomas por su cuenta con remedios caseros o productos comprados en farmacia. Aunque algunos tratamientos pueden ayudar en fases iniciales, no siempre resultan eficaces.
Cuando la verruga no se elimina completamente, el virus sigue activo y puede seguir creciendo o propagándose.
Además, en los pies la presión constante favorece que la lesión se haga más profunda, lo que puede aumentar el dolor y dificultar su eliminación.
Acudir a un podólogo permite confirmar el diagnóstico y aplicar el tratamiento más adecuado según el tamaño, la profundidad y la evolución de la lesión.
También ayuda a evitar complicaciones o contagios a otras personas.
Existen diferentes métodos para eliminar las verrugas plantares. El podólogo elegirá el más adecuado según cada caso.
Uno de los tratamientos más utilizados es la aplicación de agentes químicos queratolíticos que destruyen el tejido infectado progresivamente. Este proceso suele requerir varias sesiones.
Otra opción es la crioterapia, que consiste en aplicar frío extremo para destruir las células afectadas por el virus.
En algunos casos también se utilizan técnicas como:
Durante el proceso es habitual que el profesional retire capas de tejido para facilitar que el tratamiento actúe con mayor eficacia.
La duración del tratamiento puede variar entre unas semanas y varios meses dependiendo de la evolución de la lesión y de la respuesta del organismo.
Aunque no siempre es posible evitar el contagio, sí existen algunas medidas sencillas que reducen mucho el riesgo.
Una de las más importantes es evitar caminar descalzo en espacios públicos húmedos como piscinas o vestuarios.
También conviene:
Cuidar la piel del pie y tratar pequeñas heridas o grietas también ayuda a evitar que el virus pueda penetrar con facilidad.
Los pies soportan nuestro peso durante todo el día y, sin embargo, muchas veces no prestamos atención a las señales que nos envían. Cuando aparece una pequeña lesión que duele al caminar, observarla con detenimiento y buscar asesoramiento profesional puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo o un problema que se prolongue durante meses.
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