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El aceite y los filtros de un vehículo son dos de los grandes olvidados del mantenimiento, a pesar de que su papel es clave para que el motor funcione de forma correcta y duradera. No son elementos visibles ni llamativos, pero influyen directamente en el rendimiento, el consumo y la fiabilidad del coche. Entender cómo funcionan y cuándo deben cambiarse ayuda a prevenir averías y a cuidar la mecánica a largo plazo.
El aceite del motor actúa como una película protectora entre las piezas metálicas que se mueven a gran velocidad. Su función principal es lubricar, reduciendo la fricción y evitando que los componentes se desgasten antes de tiempo. Sin esta lubricación, el motor sufriría daños graves en muy pocos kilómetros.
Además de lubricar, el aceite contribuye a la refrigeración interna del motor. Aunque el sistema de refrigeración se encarga de regular la temperatura general, el aceite ayuda a disipar el calor en zonas donde el refrigerante no llega. También limpia, arrastrando partículas de suciedad y residuos generados por la combustión, y protege frente a la corrosión.
Con el uso, el aceite pierde eficacia. Se oxida, se espesa y se carga de impurezas. Por eso no basta con que “todavía haya aceite” en el motor, sino que debe encontrarse en buen estado para cumplir su función.
Existen distintos tipos de aceite según su composición. Los aceites minerales son los más básicos y suelen utilizarse en motores antiguos. Los semisintéticos combinan componentes minerales y sintéticos, ofreciendo un rendimiento intermedio. Los aceites sintéticos son los más avanzados, soportan mejor las altas temperaturas y mantienen sus propiedades durante más tiempo.
Elegir un tipo de aceite inadecuado puede afectar al consumo, al arranque en frío y al desgaste del motor. Por eso es fundamental respetar las especificaciones del fabricante, tanto en el tipo como en la viscosidad.
La viscosidad indica la capacidad del aceite para fluir a distintas temperaturas. Se expresa mediante códigos como 5W30 o 10W40. El primer número hace referencia al comportamiento en frío y el segundo al rendimiento en caliente. Un aceite demasiado espeso puede dificultar el arranque, mientras que uno demasiado fluido puede no proteger correctamente el motor cuando alcanza altas temperaturas.
Usar la viscosidad correcta no es una recomendación orientativa, sino una necesidad técnica. Un error en este punto puede provocar un desgaste acelerado o un consumo excesivo de aceite.
El filtro de aceite es el encargado de retener las impurezas que circulan por el motor. Durante el funcionamiento se generan residuos como partículas metálicas, restos de carbonilla o suciedad microscópica. El filtro evita que estas partículas sigan circulando y dañen los componentes internos.
Cuando el filtro se satura, deja de cumplir su función. El aceite sigue fluyendo, pero ya no se limpia correctamente. Esto provoca que el motor trabaje con aceite contaminado, aumentando el desgaste interno.
Cambiar solo el aceite y mantener el filtro antiguo es un error habitual. El filtro usado contamina el aceite nuevo desde el primer momento, reduciendo la eficacia del cambio.

Además del filtro de aceite, existen otros filtros igual de importantes para el buen funcionamiento del vehículo. El filtro de aire evita que polvo y partículas entren en el motor durante la combustión. Si está obstruido, el motor pierde rendimiento y aumenta el consumo.
El filtro de combustible protege el sistema de inyección, evitando que impurezas lleguen a los inyectores. Un filtro sucio puede provocar tirones, dificultad de arranque o pérdida de potencia.
Aunque no todos se cambian al mismo tiempo, forman parte del mismo concepto de mantenimiento preventivo y conviene revisarlos de forma periódica.
El intervalo de cambio depende del tipo de motor, del aceite utilizado y del uso del vehículo. En general, los motores modernos con aceites sintéticos permiten intervalos más largos, mientras que los motores más antiguos requieren cambios más frecuentes.
No solo cuentan los kilómetros. El tiempo también influye. Un coche que se usa poco, pero realiza trayectos cortos, puede necesitar cambios más frecuentes debido a la condensación y a la degradación del aceite.
Respetar los intervalos recomendados es una forma sencilla de evitar averías y mantener el motor en buenas condiciones.
Algunos síntomas pueden indicar que el aceite o los filtros no están en buen estado. Ruidos metálicos, consumo excesivo de aceite, humo inusual o testigos encendidos en el cuadro son señales de alerta. Ignorarlas puede convertir un mantenimiento sencillo en una reparación costosa.
Revisar el nivel y el aspecto del aceite de forma periódica es un hábito recomendable. Un aceite muy oscuro, espeso o con partículas visibles indica que ha llegado el momento del cambio.
Cambiar aceite y filtros es una de las operaciones más simples y económicas del mantenimiento del vehículo, pero también una de las más importantes. Un motor bien lubricado funciona mejor, consume menos y tiene una vida útil más larga.
Prestar atención a estos elementos no solo protege el motor, también aporta tranquilidad y evita sorpresas desagradables en el futuro. Cuidar el aceite y los filtros es, en definitiva, cuidar el corazón del coche.
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